martes, 6 de septiembre de 2011

GOCE CARNAL


Por éstos días no hay mucha inspiración pero si mucha hambre de sabiduría, y no precisamente de la intelectual, sino más bien de la carnal. Encontré este maravilloso post en el diario Perú 21, con información recopilada por Carlos Chávarry ( Crónicas Marcianas) y tomando como base los relatos de mi colega Milagros Esquivel quien forma parte de GenerArte/Perú, organización que ha puesto en vitrina esta esplendorosa manifestación artística"Goce Carnal del Colectivo LoQueMePlace"...ahí les va:
 

Una bailarina, una prostituta y una lesbiana coinciden en un solo activismo: promover el placer sexual en todos los sentidos a través de una instalación. Al final, ningún prejuicio y tabú quedan en pie. 
La mujer confiesa que lo más difícil de su oficio fue aprender a soportar el sabor del semen de varios hombres en un solo día.
Eso, después de contar que ha atendido a hombres que fantaseaban que ella era sus madres.
Cuando no sus hijas adolescentes.
O que algunos hombres le han pagado para tener sexo sin eyacular: solo se recargaban de deseos para luego ir donde sus esposas.
Carla está contando su vida como aplicada prostituta y no se avergüenza de nada. Al contrario, cree que esa ha sido una forma de conocer el placer como nunca lo habría imaginado en sus últimos veintitrés años. Así es como responde a las preguntas de quienes han entrado a su espacio de «Consejería sexual» en Goce Carnal, una instalación que mezcla el arte visual y electrónico con la danza y la performance.
Carla tiene más de cuatro décadas, es orgullosa cabeza de una familia de ocho hijos y cinco nietos, y participa como ferviente activista por las trabajadoras sexuales en la asociación Miluska, Vida y Dignidad. Dado su experiencia, todo lo que ella dice esta noche tiende a subvertir lo que suele darse por sentado: lo tradicional, lo normal, lo saludable.
Leida pretende exponer los misterios sobre las emergencias del sexo: tanto las masculinas como las femeninas.
De paso, hablar de la prostitución como una honorable profesión más.

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─En nuestra cultura, las ganas de gozar están relacionadas con el mal y el pecado, y por tanto tu cuerpo es limitado y ocultado a vivencias en su plenitud. Lo peor es que parte de esta prohibición recae en la mujer ─dice Milagros Esquivel, bailarina, actriz y abogada, promotora de GenerArte y una de las organizadoras de Goce Carnal.
De allí que la instalación ─compuesta por ocho piezas─ busque propiciar la suficiente inquietud en el público para que pueda cuestionarse, divertirse y deleitarse con distintos temas sexuales: algunos como metáforas y otros de modo explícito, sin censuras.
Como «Muñequita Linda», por ejemplo: una escena interpretada por Esquivel en la que aparece como una muñeca vestida con un traje mínimo y articulada con cables que la hacen moverse a voluntad de un hombre: su cuerpo es un objeto que obedece las órdenes (sexuales) de su amo.
Más adelante su cuerpo es ofrecido al público en una dedicada sesión voyeurista.
Luego sigue «Orgasmo Sonoro»: el audio de los orgasmos de varias personas que se han grabado en la intimidad y lo han enviado por correo.
También está «Lo que me place», en donde el mismo público construye el número al escribir sus fantasías sexuales en una computadora: sus deseos se proyectan en una pared al otro lado de la casa.
O la misma «Consejería Sexual».
Ese es el tono de algunas piezas, salpicadas además con bailes de strip-tease, figuras fetiches en látex y spándex, cuerpos semidesnudos y videos pornográficos convertidos en fractales.
El proyecto original consideraba el viejo cine Le París, en el Cercado: el espectador debía dividirse entre la platea ─donde se desarrollaría la instalación─ y la película triple X de la mezzanine. Al final Goce Carnal se terminó realizando en la Casa Ida, un espacio cultural contiguo al cine.
─¿Por qué un cine porno? ─se pregunta Esquivel─. Es que los cines porno son iguales que las iglesias evangélicas o los bingos: son lugares de descarga de la sociedad.

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«Esta es una vulva, el portal de inicio del goce. Y este es el capuchón que cubre el clítoris. Esto que ven aquí son los labios mayores, ya engrosados y listos para ser acariciados con los dedos o la lengua, y estos son los labios menores, un poco abiertos y lubricados. Ahora sigue el turno del clítoris, un órgano amplio, delicado, sensible, con millones de terminaciones nerviosas. El clítoris es el punto máximo del goce de una mujer, así sea la más tímida o conservadora del mundo. Es el equivalente al glande del hombre...».
Quien dice esto cual didáctica profesora es Marita Rodríguez, la férrea activista de Lesbianas Vulvalucionarias, un movimiento que intenta convencer al público de Goce Carnal de que la homosexualidad no existe.
Solo existe la diversidad sexual.
O que nosotros tenemos dos sexos dentro de nuestro propio cuerpo: el masculino y el femenino. Y es natural que así sea porque procedemos de un hombre y una mujer.
─Las mujeres somos invisibilizadas todo el tiempo: vivimos dentro de una estructura social machista que le ha dicho a las mujeres cómo deben ser, cómo deben comportarse y cómo deben sentir su propio cuerpo ─dice Marita.
Una de sus perspectivas: que a un niño pequeño siempre puedes verle acariciándose el pene ─aún sin saber nada sobre el sexo─, mientras que a una niña nunca podrás encontrarla acariciándose la vulva. Las mujeres no tienen esa posibilidad porque de inmediato sus madres les evitan el contacto con esa parte de su cuerpo.
De hecho, ni siquiera acostumbran a hablar de la vulva: la llaman de mil formas distintas, todos eufemismos o apelativos infantiles que minimizan su importancia y potencial de placer.
«Cosita», por ejemplo.
─Hemos sido criadas por mujeres machistas ─enfatiza Marita─. Y no es su culpa: por siglos las mujeres han sido dejadas de lado, no tenían derecho a elegir nada, ni sus pertenencias ni sus maridos: prácticamente pasábamos de ser propiedad del padre a ser propiedad del esposo. ¡Y encima con dote, un regalo!

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Desde su espacio de «La Gran Vulva», Marita hace una charla educativa frente a una vulva de tela con las proporciones de una persona y con todas sus partes bien diferenciadas: la idea es que la gente se acerque, la toque, se refriegue contra ella y aprenda a sentirla un poco más.
Su intención es descubrir ante hombres y mujeres las maravillas de lo que se oculta entre las piernas femeninas.
Por ejemplo, que en el vasto mundo de su vulva, las mujeres conocen distintos tipos de orgasmos: placer clitorial, placer vaginal y placer en el punto G. Los hombres solo conocen uno.
O que el Punto G rara vez se puede tocar con el pene a menos que se utilicen posiciones poco tradicionales: es más fácil sentirlo con los dedos o la lengua.
O que las mujeres son capaces de llegar al orgasmo solo a partir de caricias.
─Los hombres conocen sus penes pero hay muchas chicas que nunca han visto sus vulvas, que nunca se han puesto un espejo frente a ellas o que creen que sus vulvas no son bonitas, cuando en realidad todas las vulvas del mundo son distintas, nunca simétricas: cada una tiene su gusto. Y de eso se trata: de conocer nuestro cuerpo para aprender a sentir placer sin prohibiciones ─dice la activista lésbico-feminista.
Y luego agrega:
─En Goce Carnal no hay censuras porque deseemos llevar todo al límite: por el contrario, pretendemos generar límites mucho más amplios.

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Al final terminamos creyendo que el placer es solo lo que vemos en las películas porno.
─Eso me parece limitante ─dice Milagros Esquivel─. En realidad, esa secuencia de tetas, culos, vergas, mamadas y cogidas resulta tan pobre y reduccionista como la idea contemporánea del orgasmo.
Porque el orgasmo hoy en día es una palabra manoseada que se ha convertido en sinónimo de gritos explosivos y simulaciones exageradas de que ya no se puede más.
Como si solo eso fuera el sexo.
─A mí me encanta el antes y el después del sexo: esas perezas que te hacen remolonear en los previos, por ejemplo, o las conversaciones que se generan después de un orgasmo ─dice Esquivel─. Eso de gritar como loca se me figura más la fantasía de un hombre reproducida por la mujer.
Porque si empiezas algo sexual no necesariamente tienes que terminarlo: no estás produciendo algo en una fábrica de cualquier cosa.
O más bien dicho: porque no tiene sentido llegar al clímax como desesperados. Saltándose las etapas del placer. Evitando precisamente el hedonismo de la situación.
─El sexo no tiene por qué llegar siempre a un fin, a un objetivo único: puedes hacerlo, te cansas, lo dejas, conversas un ratito y luego vuelves a la carga. Si tienes sueño lo haces un poquito, te duermes, te relajas, y luego otra vez empiezas.
¿Pero qué ocurre con esas mujeres que creen que si no llegas al orgasmo con ellas es que no las deseas y, por ende, no las quieres?
─Es que las mujeres estamos tan pobres de nosotros mismas que pensamos que debemos ser siempre las muñecas de los hombres ─dice Esquivel─. Y fíjate en esto: yo no soy la muñeca de alguien solo porque cierto hombre quiere que lo sea, sino también porque yo misma decido serlo. A veces para una mujer es más fácil ser una muñeca.
Esa muñeca que la bailarina aparenta ser en Goce Carnal: el cuerpo manipulado por el victimario y observado por hombres y mujeres que se mueren por saber qué órdenes seguirán a continuación.
Que desean verla sometida de cualquier forma.

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─No es necesario ser putas para poder satisfacernos y satisfacer a nuestra pareja. Que eso quede bien claro ─dice Carla.
Luego sigue hablando de su placer convertido en trabajo y de su trabajo convertido en placer: que el tamaño no importa, dice. Que lo que importa es la técnica, qué cómo la hagan sentir en la cama. Que si alguien la tiene grande o gruesa no necesariamente le producirá placer, sino dolor.
Que no hay que creer que forzosamente un hombre debe taponar a una mujer.
─Y es que en el sexo las mujeres no pensamos tanto en el pene como sí en la lengua y las caricias con los dedos. Si el pene fuera lo máximo y creyéramos que es irreemplazable, no existirían lesbianas.
Un mito: que las prostitutas de todo el mundo se desgastarían si tuvieran orgasmos con sus clientes. Como toda mujer, son multiorgásmicas. Solo depende del cliente/usuario.
Una realidad: que lo que más temen las trabajadoras sexuales son los sádicos porque suelen intentar estrangularlas y lo único que ellas hacen es seguirles la fantasía hasta dejarlos fuera de juego.
Una estrategia: que las prostitutas aparentan no conocer lo que los hombres les piden ─sea poses o fantasías─ para no cohibirlos ante su experiencia: fingir curiosidad es parte de la seducción.
Una rivalidad: el conservadurismo de las esposas que las ven con celos y asco. Si supieran el favor que les hacemos, dice Carla.
Una prohibición: nunca dar besos en la boca. Porque para las trabajadoras sexuales los besos son sagrados: solo se dan a la pareja y los hijos.
─Y es que en el beso puede haber una atracción especial que puede generarse tanto en el cliente como en una misma ─dice la activista/consejera─. Yo no quiero atracción con nadie: toda trabajadora sexual bloquea eso. Paradójicamente, el beso compromete algo más que la entrega del propio cuerpo. 
Un consejo: que si un hombre desea convencer a su pareja de tener relaciones anales, que primero sea su amigo.
Palabras de Carla.

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[Detrás de cámaras].
─Conocí colegas de trabajo que eran lesbianas y se mostraban muy hurañas con los hombres. Eran como reactivas a ellos, como si siempre estuviesen pensando algo malo de lo masculino, de los hombres. ¿A qué se debe esto? ─­le pregunto en un plano ya personal a Marita, la activista lésbico-feminista.
─Lo he visto. Algunas lesbianas manifiestan violencia y rechazo: su agresividad es violencia pura. Y esa violencia se debe a que aún no han eliminado su machismo, que aún no están conformes con su cuerpo femenino, que aún no saben que su femineidad tiene que ser asumida como tal para así amar a otra mujer.
─¿No será también por una suerte de competencia con los hombres? ─insisto.
─Sí, muchas mujeres lesbianas creen que para gustarle a otra mujer y darle seguridad deben asumir una posición violenta y machista que en realidad es una práctica travesti. Porque son unas travestidas: se masculinizan para demostrar un poco de respeto.
Pero un rato más tarde me dice que cómo no te vas a poner agresiva, si cuando tú como lesbiana vas a una fiesta con tu pareja, un hombre cualquiera se les acerca y trata de bailar con tu mujer como si nada.
Como si tus sentimientos no importaran.


Una bailarina, una prostituta y una lesbiana coinciden en un solo activismo: promover el placer sexual en todos los sentidos a través de una instalación. Al final, ningún prejuicio y tabú quedan en pie. 

1 comentario:

  1. No sé si sea con criterio, pero... llegué hasta aquí a través de un blog amigo, me pareció muy bueno tu espacio, voy a quedarme como seguidor, si me permites.
    Si tienes ganas (no lo tomes como un compromiso), te invito a pasar por el mío.
    Un saludo desde Argentina.
    Humberto.

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