miércoles, 24 de agosto de 2011

De lo Bueno poquito ****


A veces me sorprendo al atravesar la ciudad en combi acompañada del deleite de unas galletitas “Chaplin”, mirando por la ventana a la gente pasar, con los oídos llenos de gozo gracias a la música muy bien seleccionada proveniente de mi ipod y sintiéndome inmensamente feliz.

Para nadie es sorpresa saber que, gracias a la buena voluntad de Dios y a los generosos bolsillos de nueve tías solteras y con trabajos bien remunerados, a mí nunca me faltó nada. Desde pequeña sólo necesitaba abrir la boca para que mi deseo fuera concebido, en realidad fueron muy pocas las veces que mi madre intervino diciendo que no se me otorgue más pues aquella conducta por parte de mis sacrosantas tías iba a terminar por mellar mi criterio respecto del verdadero valor de las cosas.

Por el contrario se dieron en demasía grandes oportunidades donde éstas adoradas (y difíciles) criaturas, hicieron de las suyas, tal vez como dándole la otra mejía a esa maternidad negada que la vida se encargo de dibujar en sus vidas,  o probablemente con el único y sincero propósito de hacerme feliz. El tema es que gracias a esa disfuncional familia que me toco tener nunca pude saber lo que era pasar penurias, suprimirse gustos y valorar cada centavo gastado.

Fue hasta los casi veinticinco años que logré independizarme económicamente de mi mamá y por ende de mis tías, aunque cuando digo “de mis tías” debo reconocer que miento un poquito porque de vez en cuando no dudaba, así como que no quiere la cosa, en picarles uno que otro billetito, que valga verdades, no le iban a descompaginar el presupuesto mensual.

Como les decía, fue casi a esa edad que logré obtener con mucho sacrificio y orgullo una mediana independización económica que constaba en costearme mis pasajes, mi ropa, mi juerga y mis caprichitos, adicional a eso también contribuía dentro de las posibilidades de esa época con los gastos de la casa que me cobijaba y que me cobijo prácticamente desde que nací, a través de un modesto aporte para la luz, el agua, la comida y cuando se podía también para el cable., pero eso si, NUNCA PARA EL INTERNET! ya mucho yaaa...

Después, vinieron los grandes saltos económicos, después de muchas amanecidas y cafecitos con gente medianamente importante logré obtener un trabajo bien remunerado, no diré montos porque es de pésimo gusto, pero lo que si puedo decir es que para la edad y experiencia obtenida lo que me pagaban estaba más que bien.

Ese sueldo me permitió muchas más cosas, como estudiar una maestría, diplomados, pero sobre todo aventurarme en la compra de mi propio departamento. Y es que la mudanza del nido calentito de las tías se volvió más que necesaria, IMPERIOSA, pues nunca negaré que ellas siempre han sido amorosas conmigo, generosas y tiernas, ayudaron a mi mamá a levantarse en épocas de decepciones amorosas, le dieron sus respaldo y la ayudaron a criarme, a cuidarme, a consentirme; sin embargo nada es perfecto y como dicen por ahí: “cada quien manda en su casa razón por la cual y sin entrar en mayores detalles decidí comprarme un depa y mudarme con mi mamí para hacer de ese espacio nuestro propio reino, nuestra propia noche de piyamas, nuestro templo, donde se come lo que uno quiera, donde se chupa hasta la hora que uno quiera, donde se baile calata con las ventanas abiertas y donde por qué no, podamos soñar sin que nadie se meta en nuestro sueños.

Una vez mudadas, y al año de instaladas,  por dignidad, por convicción y ética profesional decidí renunciar a ese “tan buen trabajo” que con el transcurso del tiempo y con el deterioro de la relación con el jefe, se torno tanto “insoportable” como “denigrante”, circunstancias que me obligaron a ese 01 de marzo de 2009, específicamente a las 14hrs (después de almuerzo of course) a dar un paso al costado, decir lo que tenía que decir,  hacer mi entrega de cargo, agarrar mis chivas y cantar a voz en cuello “nos quieren gobernar” uno de los temas más populares del grupo peruano “La Sarita”.

Pero claro, todo muy bonito, todo bien histriónico, ¡Bravo Gamarra! hiciste valer tus opiniones y tu dignidad pero ahora pes….págate la hipoteca, la luz, el agua, el Internet, el cable, el baño y comida de legolas (mi perro), la comida del mes, el mantenimiento del condominio, los arbitrios, tus pasajes y caprichos de la mamá….a ver pues “boquita lisa” quiero ver como TU SOLITA te pagas todo eso…AH Y POR SIACA no se vale llorar…a ver pues !!!.

Fueron días muy duros, aburriría sin me pusiera a contar que hice y que me falto hacer para salir adelante, lo único que me queda es extraer de todas esas anécdotas varias reflexiones ya que logre aprender como vivir y tratar de ser feliz con lo que tengo, así sea poco o mucho, por esas épocas e incluso hoy en día sigue siendo poco, pero YA NO ME IMPORTA, porque utilice mi habilidad para prestarle más atención a la vida y sacarle la vuelta como pueda, comprendí que con cosas realmente insignificantes (para muchos) uno puede obtener instantes de felicidad que se han de quedar grabados en tu memoria por mucho tiempo, aprendí a recursearme y a decir “nada menos casera?” a vestirme lindo con ropa de mercado de pulgas, a robar cable, a utilizar el Internet “wi fi”  de cada uno de los lugares donde pueda entrar.

Ahora también sé como intentar ir a todos los conciertos y eventos culturales (teatro, cine, circo, whatever)  posibles y con la buena suerte y vibra que hace más de un año y medio me acompaña he logrado acceder a varios. Antes la felicidad para mi era tener mucha ropa (y de marca) tomarme por lo menos una vez a la semana un café en el Starbucks, ir a cenar a un restaurante ficho ( si era “La Gloria” mejor aún  / http://www.lagloriarestaurant.com/ ) o simplemente hacerme la pedicure dos veces al mes; hoy para mi la felicidad es ir con mi novia a la bajada de los baños en Barranco y fumarnos un pucho mientras escuchamos a Blind Melon cantando NO RAIN  o sino ir a la playa por la tarde, tirar el petate en la arena y tomarnos una tasa de café mientras vemos ocultarse el sol.

Con mi mamá también he encontrado otro tipo de felicidad, soy feliz cuando llego a casa y ella esta escuchando “la hora del lonchecito”, le digo: mamá vamos a pasear a legolas? Y ella sonríe, se pone las zapatillas y salimos a caminar los tres juntos por ahí, de vez en cuando nos provoca comer algo así que entramos a la panadería de un chinito cerca del parque al que vamos y ella se compra una “mil hojas” y yo un “alfajor”, nos tiramos en el pasto y vemos a legolas correr mientras vamos comiendo nuestros pasteles, yo le cuento de mi día en el trabajo, ella me cuenta de sus recientes y estupendas clases de danzas y tai chi, nos reímos, oscurece y regresamos a casa, entramos a un cuarto donde no hay cable pero hay muchas historias lindas que ver en la hora Discovery que pasan todos los días a las 8pm en Tv Perú y si queremos series como las que dan en SONY ENTERTAINMENT solo tenemos que sintonizar América Tv para ganarnos con las ocurrencias de los Gonzáles y los Maldini y ya ta’.

Con mis amigos (bueno con los que me quedan y frecuento seguido) sólo me basta una buena copa de vino, aunque casi nunca lo tomemos en copa sino más bien en vasito descartable, o un lonchecito acompañado de una amena conversación para sentirme feliz, sólo me basta una caminata por el parque o las calles aledañas a nuestros hogares, una simple pero sincera conversación por msn o face para sentirme entendida, ya no necesito más, no necesito reuniones súper programadas, ni reencuentros de premiación para ver quien consiguió el mejor marido/casa/vida/colegio para los hijos/trabajo/viaje/ etc, ni llamadas insistentes para garantizar un quórum, ya no más, ahora es distinto, incluso me atrevería a decir que ahora es MÁS PROVECHOSO.

No me doy los grandes viajes a Europa, ni a Asia, ni a Tierras Santas (Ya quisiera) pero suelo cada vez que puedo irme a Cieneguilla, o alguna parte de nuestra serranía limeña, cuando hay algo más de platita tomamos el rico Soyuz y cual mochileros empezamos a recorrer zonas un poco más alejadas y agrestes. Nada interfiere ya en nuestros propósitos, el año que viene (si Dios quiere) es Cuzco con la mamá, Huaraz u cualquier otro destino similar con las amigas (os) y Argentina y Brasil (mochiliando) con mi bonita, ya nada es imposible, ya nada me detiene, esta vez me cocí bien las alas para que no se vuelvan a desprender.

Ayer descubrí que soy feliz teniendo pocas cosas (materiales) y no es que sea una conformista de mierda y pretenda siempre vivir arañando el suelo, no se trata de eso, sino de que Dios es tan maravilloso que te pone circunstancias que te hacen valorar más la vida, a los tuyos y lo que te rodea, te manda estas adversidades en los momentos precisos para recordarte que hay un mundo realmente simple esperándonos afuera, uno que te ofrece mayor contacto con la naturaleza, con los animales, con los olores y sonidos, con las amistades claras y con momentos de felicidad que te miran de frente y sin blackberry *_*

miércoles, 10 de agosto de 2011

INEVITABLE TREINTAº


Ha pasado exactamente una semana desde que la edad de treinta años invadió mi pequeño ser, y resulta importante precisar que me refiero a mi cuerpo como “pequeño” porque es realmente poco creíble que un cuerpo tan chiquito como el mío lleve encima treinta largos años de vida.

Estuve por días tratando de hacer un post que pudiera reflejar la sensación que me produce cumplir una edad socialmente importante (para muchos), biológicamente alertante  (para cada vez más pocos) y caóticamente irrenunciable (para todos), sin embargo escribía un ensayo y al día siguiente terminaba borrándolo, algunas veces lo tenía casi terminado y derrepente una nueva idea asomaba la nariz y me hacía replantear el enfoque que le quería dar…….y bueno así fueron pasando los días y me di cuenta que con respecto a mi nueva edad no tenía absolutamente más nada que decir, porque en realidad no hay mucho que acotar; tener treinta años es simplemente agregarle doce meses más a los tan acomodados veintinueve, por consiguiente no creo que esta nueva cronología de vida me haga ver más o menos interesante de lo ya acostumbrado.

Esta vez no tengo para ustedes (ni para mi misma) grandes frases que mostrar, tampoco tengo historias ficticias con las que impresionar, únicamente tengo algunas reflexiones que compartir:

Llego a una edad donde……

Dejé de pasar sin excepciones la vida, y me dejé de arrancar las tres impertinentes canas que tengo al lado izquierdo de mi cabeza.

Dejé de verlo todo de color blanco y negro, para tratar de visualizar las cosas con algunos otros matices (así como la paleta de pinturas TEKNO).

Dejé de creer en el amor eterno (de pareja) porque finalmente entendí que todo tiene un final, que todo es un mero ciclo, una etapa en donde hoy somos algo, mañana no somos más. (Lo que no implica ceder ante la promiscuidad…por lo menos no tan seguido).

Dejé de pensar que ser abogada me haría tener una súper casa, un súper carro y una vida exitosamente garantizada para darme cuenta que lo único que me ha hecho tener es la satisfacción de poder ayudar a gente que en realidad lo necesita. (quid pro bono).

Dejé de esperar ansiosa ese “mail”, esa “llamada”, ese “saludo”.

Dejé de creer que se me estaba pasando el tren…ya que es poco probable que suceda, yo vivo a tres cuadras del tren eléctrico (gracias Alan).

Dejé de coserme roches ajenos porque comprobé que luego son pulgas muy difíciles de exterminar. (y me da flojera).

Dejé de llorar la ausencia de mi padre porque me di cuenta que siempre estuvo allí, sólo que yo nunca lo busqué. (ahora hasta tiene facebook…lindo mi papi!!).

Dejé de lastimarme recordando el pasado para concentrarme en lo único que vale la pena “EL HOY”.

Dejé de creerme la súper chica (con poderes incluidos) para reconocer que hay mañanas donde me cuesta mucho salir de la cama.

Dejé de sentirme la mejor bailarina…..mmm bueno NO, aún me siento y a las pruebas me remito (VIERNES- SÁBADOS- PREVIA CITA).

Dejé de tratar de ser la monedita de oro que pretendía gustarle y quedar bien con todo el mundo para expresar (con educación y altura) lo que realmente pienso y siento aunque eso me haya y me siga ocasionando distanciamientos.

Dejé de contar a mis verdaderos amigos con las dos manos, porque ahora sólo me basta una (y me sobra).

Dejé de mirar con odio ha algunos y empecé a regalar sonrisas (aunque éstas no sean correspondidas y tachadas de una burda manifestación de mi renovada hipocresía).

Dejé de sintonizar tantas novelas para empezar a familiarizarme más con libros, cuentos, teatro, cine, crónicas y blogs (no sólo soy una chica de facebook…eso es lo que aparentemente se ve….pero no es lo que precisamente refleja la realidad).

Dejé de mirar tus fotos actuales para recordarte como eras antes (así lo prefiero).

Dejé de creer que mi madre es eterna, para hoy engreírla y decirle cuánto la amo (a pesar de eso, a pesar de todo).

Dejé de emborracharme sin sentido para aprender a brindar con fundamento (eso me lo enseño Brenda…gracias bicth!).

Dejé hablar a las personas que siempre me pidieron audiencia para hoy escucharlas con extremado detenimiento (me hubiera ahorrado tanto).

Dejé de ser insistente con aquél que muchas veces me dijo NO! a través de mil acciones que nunca pude percibir ( o no quise).

Dejé de llamar “exs” a esos grandes amores para ahora con gusto llamarlos “amigos” (aunque suene imposible).

Dejé de leerme las cartas y el cigarro para ahora todo consultarlo con Dios y con mi interior.

Dejé de pensar que la amistad/ amor es un sentimiento incondicional para darme cuenta que cuando dejas de hacer algunas concesiones las cosas cambian (y no vuelven a hacer nunca más iguales).

Dejé de reprocharme mi mala suerte en el amor para entender que no fue más que necesario atravesar todo ese largo camino para poder gozar de la plenitud que hoy me acompaña (y que espero se quiera quedar un buen tiempo más).

Dejé de negarme a la sexualidad en todas sus esquinas para empezar a ser la puta que siempre debí ser, porque el cuerpo es un instrumento que si no lo usas bien se llega a oxidar.

Como ven creo que fui dejando poco a poco muchas cosas de lado, y es gracioso porque no me di cuenta de este maravilloso proceso que aún sigue en marcha, mutando (para mejor) cada vez que puede. Efectivamente dejé de ser/creer/pensar/sentir/ver y mil verbos más, pero creo que nunca dejé de tener esa chispa que siempre me ha caracterizado, que me abierto muchos lugares, muchos corazones y que creo me ha de acompañar hasta mi momento final.
 
Felices TREINTA AÑOS !!!