A veces me sorprendo al atravesar la ciudad en combi acompañada del deleite de unas galletitas “Chaplin”, mirando por la ventana a la gente pasar, con los oídos llenos de gozo gracias a la música muy bien seleccionada proveniente de mi ipod y sintiéndome inmensamente feliz.
Para nadie es sorpresa saber que, gracias a la buena voluntad de Dios y a los generosos bolsillos de nueve tías solteras y con trabajos bien remunerados, a mí nunca me faltó nada. Desde pequeña sólo necesitaba abrir la boca para que mi deseo fuera concebido, en realidad fueron muy pocas las veces que mi madre intervino diciendo que no se me otorgue más pues aquella conducta por parte de mis sacrosantas tías iba a terminar por mellar mi criterio respecto del verdadero valor de las cosas.
Por el contrario se dieron en demasía grandes oportunidades donde éstas adoradas (y difíciles) criaturas, hicieron de las suyas, tal vez como dándole la otra mejía a esa maternidad negada que la vida se encargo de dibujar en sus vidas, o probablemente con el único y sincero propósito de hacerme feliz. El tema es que gracias a esa disfuncional familia que me toco tener nunca pude saber lo que era pasar penurias, suprimirse gustos y valorar cada centavo gastado.
Fue hasta los casi veinticinco años que logré independizarme económicamente de mi mamá y por ende de mis tías, aunque cuando digo “de mis tías” debo reconocer que miento un poquito porque de vez en cuando no dudaba, así como que no quiere la cosa, en picarles uno que otro billetito, que valga verdades, no le iban a descompaginar el presupuesto mensual.
Como les decía, fue casi a esa edad que logré obtener con mucho sacrificio y orgullo una mediana independización económica que constaba en costearme mis pasajes, mi ropa, mi juerga y mis caprichitos, adicional a eso también contribuía dentro de las posibilidades de esa época con los gastos de la casa que me cobijaba y que me cobijo prácticamente desde que nací, a través de un modesto aporte para la luz, el agua, la comida y cuando se podía también para el cable., pero eso si, NUNCA PARA EL INTERNET! ya mucho yaaa...
Después, vinieron los grandes saltos económicos, después de muchas amanecidas y cafecitos con gente medianamente importante logré obtener un trabajo bien remunerado, no diré montos porque es de pésimo gusto, pero lo que si puedo decir es que para la edad y experiencia obtenida lo que me pagaban estaba más que bien.
Ese sueldo me permitió muchas más cosas, como estudiar una maestría, diplomados, pero sobre todo aventurarme en la compra de mi propio departamento. Y es que la mudanza del nido calentito de las tías se volvió más que necesaria, IMPERIOSA, pues nunca negaré que ellas siempre han sido amorosas conmigo, generosas y tiernas, ayudaron a mi mamá a levantarse en épocas de decepciones amorosas, le dieron sus respaldo y la ayudaron a criarme, a cuidarme, a consentirme; sin embargo nada es perfecto y como dicen por ahí: “cada quien manda en su casa” razón por la cual y sin entrar en mayores detalles decidí comprarme un depa y mudarme con mi mamí para hacer de ese espacio nuestro propio reino, nuestra propia noche de piyamas, nuestro templo, donde se come lo que uno quiera, donde se chupa hasta la hora que uno quiera, donde se baile calata con las ventanas abiertas y donde por qué no, podamos soñar sin que nadie se meta en nuestro sueños.
Una vez mudadas, y al año de instaladas, por dignidad, por convicción y ética profesional decidí renunciar a ese “tan buen trabajo” que con el transcurso del tiempo y con el deterioro de la relación con el jefe, se torno tanto “insoportable” como “denigrante”, circunstancias que me obligaron a ese 01 de marzo de 2009, específicamente a las 14hrs (después de almuerzo of course) a dar un paso al costado, decir lo que tenía que decir, hacer mi entrega de cargo, agarrar mis chivas y cantar a voz en cuello “nos quieren gobernar” uno de los temas más populares del grupo peruano “La Sarita ”.
Pero claro, todo muy bonito, todo bien histriónico, ¡Bravo Gamarra! hiciste valer tus opiniones y tu dignidad pero ahora pes….págate la hipoteca, la luz, el agua, el Internet, el cable, el baño y comida de legolas (mi perro), la comida del mes, el mantenimiento del condominio, los arbitrios, tus pasajes y caprichos de la mamá….a ver pues “boquita lisa” quiero ver como TU SOLITA te pagas todo eso…AH Y POR SIACA no se vale llorar…a ver pues !!!.
Fueron días muy duros, aburriría sin me pusiera a contar que hice y que me falto hacer para salir adelante, lo único que me queda es extraer de todas esas anécdotas varias reflexiones ya que logre aprender como vivir y tratar de ser feliz con lo que tengo, así sea poco o mucho, por esas épocas e incluso hoy en día sigue siendo poco, pero YA NO ME IMPORTA, porque utilice mi habilidad para prestarle más atención a la vida y sacarle la vuelta como pueda, comprendí que con cosas realmente insignificantes (para muchos) uno puede obtener instantes de felicidad que se han de quedar grabados en tu memoria por mucho tiempo, aprendí a recursearme y a decir “nada menos casera?” a vestirme lindo con ropa de mercado de pulgas, a robar cable, a utilizar el Internet “wi fi” de cada uno de los lugares donde pueda entrar.
Ahora también sé como intentar ir a todos los conciertos y eventos culturales (teatro, cine, circo, whatever) posibles y con la buena suerte y vibra que hace más de un año y medio me acompaña he logrado acceder a varios. Antes la felicidad para mi era tener mucha ropa (y de marca) tomarme por lo menos una vez a la semana un café en el Starbucks, ir a cenar a un restaurante ficho ( si era “La Gloria ” mejor aún / http://www.lagloriarestaurant.com/ ) o simplemente hacerme la pedicure dos veces al mes; hoy para mi la felicidad es ir con mi novia a la bajada de los baños en Barranco y fumarnos un pucho mientras escuchamos a Blind Melon cantando NO RAIN o sino ir a la playa por la tarde, tirar el petate en la arena y tomarnos una tasa de café mientras vemos ocultarse el sol.
Con mi mamá también he encontrado otro tipo de felicidad, soy feliz cuando llego a casa y ella esta escuchando “la hora del lonchecito”, le digo: mamá vamos a pasear a legolas? Y ella sonríe, se pone las zapatillas y salimos a caminar los tres juntos por ahí, de vez en cuando nos provoca comer algo así que entramos a la panadería de un chinito cerca del parque al que vamos y ella se compra una “mil hojas” y yo un “alfajor”, nos tiramos en el pasto y vemos a legolas correr mientras vamos comiendo nuestros pasteles, yo le cuento de mi día en el trabajo, ella me cuenta de sus recientes y estupendas clases de danzas y tai chi, nos reímos, oscurece y regresamos a casa, entramos a un cuarto donde no hay cable pero hay muchas historias lindas que ver en la hora Discovery que pasan todos los días a las 8pm en Tv Perú y si queremos series como las que dan en SONY ENTERTAINMENT solo tenemos que sintonizar América Tv para ganarnos con las ocurrencias de los Gonzáles y los Maldini y ya ta’.
Con mis amigos (bueno con los que me quedan y frecuento seguido) sólo me basta una buena copa de vino, aunque casi nunca lo tomemos en copa sino más bien en vasito descartable, o un lonchecito acompañado de una amena conversación para sentirme feliz, sólo me basta una caminata por el parque o las calles aledañas a nuestros hogares, una simple pero sincera conversación por msn o face para sentirme entendida, ya no necesito más, no necesito reuniones súper programadas, ni reencuentros de premiación para ver quien consiguió el mejor marido/casa/vida/colegio para los hijos/trabajo/viaje/ etc, ni llamadas insistentes para garantizar un quórum, ya no más, ahora es distinto, incluso me atrevería a decir que ahora es MÁS PROVECHOSO.
No me doy los grandes viajes a Europa, ni a Asia, ni a Tierras Santas (Ya quisiera) pero suelo cada vez que puedo irme a Cieneguilla, o alguna parte de nuestra serranía limeña, cuando hay algo más de platita tomamos el rico Soyuz y cual mochileros empezamos a recorrer zonas un poco más alejadas y agrestes. Nada interfiere ya en nuestros propósitos, el año que viene (si Dios quiere) es Cuzco con la mamá, Huaraz u cualquier otro destino similar con las amigas (os) y Argentina y Brasil (mochiliando) con mi bonita, ya nada es imposible, ya nada me detiene, esta vez me cocí bien las alas para que no se vuelvan a desprender.
Ayer descubrí que soy feliz teniendo pocas cosas (materiales) y no es que sea una conformista de mierda y pretenda siempre vivir arañando el suelo, no se trata de eso, sino de que Dios es tan maravilloso que te pone circunstancias que te hacen valorar más la vida, a los tuyos y lo que te rodea, te manda estas adversidades en los momentos precisos para recordarte que hay un mundo realmente simple esperándonos afuera, uno que te ofrece mayor contacto con la naturaleza, con los animales, con los olores y sonidos, con las amistades claras y con momentos de felicidad que te miran de frente y sin blackberry *_*

Cuanto menos poseemos, mas podemos tener...
ResponderEliminarQué lindo post y es cierto a veces en las cosas no materiales se encuentra la felicidad! :)
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