lunes, 13 de diciembre de 2010

She´s a maniac



Acabo de recibir la llamada de mi novia diciéndome que ya salió del gym y que fue un golazo empezar a entrenar nuevamente, que incluso ha recibido un piropo indirecto por parte de su personal trainner, debería de preocuparme? naaa. Al escuchar su relato me remonte a mis tiempos de entrenamiento duro y debido, recordando la sensación tan satisfactoria que se tiene al salir de los entrenamientos; esa sensación de liberación, no sólo por los kilos, toxinas y grasas que dejas, sino por el hecho de sentirte “poderosa”.

A los siete años mi madre se le ocurrió la fantástica idea de que mi cuerpo necesitaba un entrenamiento duro, que mis pies en vez de seguir usando aquellos zapatitos “horribles” de color negro que vendían en la clínica San Juan de Dios, podía lucir unas hermosas zapatillas “rosadas” de ballet; así que busco por ahí por allá y decidió meterme a clases de ballet.

Entrar al mundo del ballet simplemente me cambió la vida, con las rutinas diarias de ensayo no sólo se me empezó a formar el cuerpo, sino también el carácter puesto que este tipo de danza demanda mucha disciplina y constancia si es que se quiere llegar a conseguir algo. Mi profesora de ballet que era igualmente mi profesora de arte en el colegio, era una persona muy estricta, no se andaba con tonterías, no le importaba en lo absoluto que tuvieras entre 6 a 7 años, ella siempre nos trató como adultos cuando de corregir se trataba, era hasta en ciertas ocasiones muy dura, tanto así que no hubieron ni una ni dos veces en las que termine en el baño llorando por los gritones que me daba cada vez que no me salía bien un “chassé”.

Recuerdo que me decía: “María de los Ángeles que te impide saltar como persona y no como oveja?” y yo simplemente la miraba con gran odio y decía en mi mente: “maldita estúpida como no se te atraviesa la barra de ejercicios por el culo” (un pensamiento algo subido en intensidad para una niñita de 7 años, pero consecuente con las cosas que pensaba y hacia a esa edad, tomando en cuenta que yo me crié entre viejas). Pero al final de cuentas todos esos gritos y ofensas propinadas por Miss Lelany me sirvieron mucho para poder forjar mi carácter de bailarina y poderme superar en este rubro como lo hice años posteriores.

Cumplidos los 14 años y habiendo estado 7 años en duro entrenamiento, con presentaciones sabatinas en lo que se conocía como el desaparecido Teatro Manuel Beltroy (Barranco) y algunas otras presentaciones más en varios colegios de Lima y en el mío propio, decidí que ya era tiempo de pasar a otra faceta, tomé conciencia que el ballet era una disciplina que me había ayudado mucho en mi crecimiento artístico pero no sentía que tuviera la vocación necesaria para dedicar mi vida entera a esto, no sólo por todo lo que esto implicaba ( postular al Ballet Municipal de Lima, tener un entrenamiento “diario” de 4 horas, pastillas para retardar el crecimiento, no salidas, no grasa, no novios, no vida), sino por el hecho de que las danzas folclóricas habían despertado en mi otro bichito.

Fue así que en el cole empecé a tomarle un cariño especial a los “Festidanzas”, y lo que para muchas compañeras de carpeta era un suplicio, para mi era un gran placer. Empecé ahí cumpliendo con las coreografías impuestas por los profesores de danza que contrataba el colegio, asimilando cada una de las indicaciones que me daban en la ejecución de las figuras coreográficas, le ponía un entusiasmo impresionante que casi siempre terminaba encabezando las top 10 del grupo formado.

Saliendo de cole e ingresando a la universidad ese gusto por la danzas de nuestra tierra creció muchísimo más, formé parte del elenco de la facultad, luego del elenco propio de la universidad, y luego conjuntamente con otros amigos soñadores decidimos embarcarnos en el proyecto de tener nuestro propio elenco. Comenzamos a hacer convocatorias, buscar lugar de ensayo, establecer rutinas, crear coreografías, buscar información y así como jugando logramos conformar una sólida Asociación Cultural dedicada a la difusión de lo nuestro. En menos de tres años crecimos mucho, la proyección que teníamos estaba bien planteada y gracias a Dios los contactos se fueron dando a tal punto que llegamos a tener una aceptación brutal.

Me recuerdo dedicando todo el sábado y domingo a este proyecto, obviando mi cansancio estudiantil y laboral, dejando de lado mis momentos familiares y con mis amigos, evitando las noches de juerga que pudieran perjudicar mi óptimo y necesario estado físico; aún me recuerdo friendo pollos y sancochando papas en las mil polladas que hicimos para conseguir fondos que nos permitieran renovar vestuarios y adquirir nuevos. Tanto sacrificio, tanta PASIÓN!

Después de algunos inconvenientes con dicha asociación y con sus integrantes (donde estaba incluido mi ex y su nuevo amor) decidí dar un paso al costado y abrir propio camino, entre al Brisas del Titicaca y mi panorama terminó por ampliarse muchísimo más, logre perfeccionar mi técnica, logre lucirme como estrella, logre hacer amigos con los que hasta ahora comparto tertulias artísticas y sobre todo logre convencerme nuevamente que lo mío siempre ha sido bailar. Me di cuenta que me falto coraje para imponerme el día que le dije a mi familia que quería postular a la Escuela Nacional de Folclore. Me di cuenta también que la danza me permitía ser lo que usualmente no logro ser cuando me visto con sastrecito y tacos.

Y bueno pasaron los años, cumplí mi ciclo y ahora veo esas épocas muy lejanas pero con magníficos recuerdos, la danza ha hecho en mi una persona más disciplinada, más constante, ordenada y no terminaré de agradecerle a mi madre que haya tomado la iniciativa de pensar en la danza como sinónimo de mi persona, claro hubiese sido pajita pulenta que me diera más apoyo, pero bueno los caminos de la vida ya estaban trazados, como diría Billy Elliot. (una de mis películas favoritas)

A esta hora, mi chica ya debe estar tomando una ducha y yo escribiendo este post en honor al imaginable olor a sudor que huelo pensando en las grandes rutinas de ejercicio y dolor a los cuales uno se somete para estar chévere en el verano. El ejercicio es súper importante y siempre he creído que más que un tema estético es un tema de superación mental, el ejercicio te libera, te hace pensar con mayor claridad, hace que tu sangre irrigue de tal manera que te da fuerzas incluso para combatir posibles depresiones. Mi chica no sólo me ha inyectado las ganas de ahorrar y meterme al gym lo antes posible, sino también de llegar a casa y poner mis dvds de aquellas épocas de “cabaret”.

Gracias a Dios, sé que a mis hijos les esperan nuevas y mejores épocas, ahora veo tantos estudios de baile, escuelas, academias, tantas puertas que tocar para que si deciden imitar a mamá, las cosas se les den aún más fáciles de lo que se me dieron a mí. Ojalá que sigan mi línea, ojala que encuentren en el arte una pasión, así como su madre la encontró, porque siempre estaré en primera fila para verlos triunfar y seré su más ácida crítica.

Dicen la que vida artística de un bailarín es como la de un futbolista….los 30 son tu techo; y si bien ya no califico para ser Prima ballerina, aún puedo mover las caderas con tal precisión que logre desmayar a la audiencia.

Les dejo este video de la pela flashdance…una pela ochentena dirigida por el gran Adrian Lyne, film que marcó mucho en mí, que siempre me inspiró a conseguir mas y que irónicamente tiene como protagonista a Jennifer Beals, actriz que años más tarde me volviera a cautivar con su notable interpretación de Bette Potter en la tan galardonada serie lesbica The L Word. Disfruten el vídeo y hacer ejercicio que el verano esta demorando porque no ve que se paren de la cama.





2 comentarios:

  1. el deporte y yo no tenemos quimica jaja pero si algo en comun tenemos es la sensibilidad artistica, cada quien en lo suyo claro esta, tu el baile yo el teatro,la música...espero un show privado el sabado jajajajaja un abrazo

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  2. Pero te diré que para hacer teatro se requiere tb de un optimo estado fisico, es un complemento! No seas floja.

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